El estelar Sloukas y Hommes pelean por hacerse con un rebote en las alturas durante el emocionante compromiso europeo/fotos: rafa gutiérrez

El estelar Sloukas y Hommes pelean por hacerse con un rebote en las alturas durante el emocionante compromiso europeo / fotos: rafa gutiérrez

Baskonia 92- 97 Olympiacos | Euroliga Jornada 4

Sloukas arruina el plan B del Baskonia

La sabiduría del base griego se impone al incuestionable mérito de un grupo azulgrana sin su habitual precisión exterior

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Hay jugadores eternos y Sloukas pertenece a esa estirpe de los elegidos. Como tantos otros bases de rebosante materia gris en la escuela del baloncesto griego. Y ahí, aún por el espejo retrovisor, cabe divisar la figura del recientemente retirado Spanoulis. La magistral batuta y fría determinación del cerebro heleno arruinaron el plan B del Baskonia, un equipo al que se le debe reconocer el mérito incuestionable de revertir durante un buen trecho de la noche un duelo que le nació de nalgas. Y con el valor añadido de intentarlo sin el tino exterior que le convierte ya en un ogro continental por sus armas artilleras de destrucción masiva.

Ya lo advirtió Joan Peñarroya nada más concluir el partido del miércoles en esta sucesión de compromisos que no admite el vocablo 'calma'. Avisaba con otras palabras el técnico catalán tras el rotundo triunfo ante el Estrella Roja que llegaría la noche de los faros rotos. Que traducido al estilo devastador azulgrana más allá del arco, que alguna noche los tiros no iban a hallar el cálido refugio de la red. Esos triples de los que vive el Baskonia y con los que puede morir otras tardes.

De hecho, la mirilla averiada local y la notable clarividencia visitante dejaban al cuadro vitoriano tocado y hasta en apariencia hundido para el minuto 8 (8-26). Poco antes el entrenador de Terrassa ya había optado por relevar a todo el quinteto titular e introducir cinco piezas de recambio que tratasen de arrancar un motor gripado.

La segunda unidad

Y la inclusión de la segunda unidad, vestida como tropa de asalto, vino a recordar que hay existencia más allá del recurso lejano. Que el libreto que guarda el conjunto alavés en su vestuario contiene un plan B para solventar citas de puntería extraviada. Así, de manera radical, el equipo azulgrana modificó el guion de una obra que hasta entonces sonaba en los oídos de la grada a tragedia griega.

Ayer demostró el bloque de Betoño, pese a la derrota final, que su baloncesto es bastante más rico y diverso que la mirilla telescópica. Un Sedekerskis espléndido, bien escudado por otro canterano báltico como Raieste, lideró la monumental revuelta vitoriana con un parcial favorable de 39-16 entre los minutos 8 y el descanso a través del sacrificio defensivo y variantes en ataque al margen de multiplicar la tabla del tres.

Aparte de que Thompson, cómo no, extrajo de su caja de herramientas los útiles para fabricar esos bloqueos y continuaciones que remataban su fiel y vertical aliado Kotsar y también Costello. El Olympiacos cómodo y mandón del primer cuarto se sentía paulatinamente sometido por un bloque de ánimo indesmayable. Un conjunto de enorme mejoría a ambos lados de la cancha, iniciando la reconstrucción de atrás hacia adelante.

Howard abandona la cancha en el último minuto sin apoyar el pie izquierdo tras caerle Fall encima de la rodilla.

Y los aros sin tapa

Todo ello a contracorriente. O escrito de otro modo, con sólo dos aciertos triples en catorce lanzamientos hasta el intermedio. Mediante esfuerzos renales defensivos y el dinamismo en ataque. Sólo que raro parece un duelo en el que el Baskonia enchufe tan poco mejor cuanto más lejos. Y así llegó el tercer cuarto en el que las mentes azulgranas retiraron las tapas circulares que cubrían los aros hasta entonces para impedir los puntos en tacadas de tres. Triples, así en plural, de un Hommes que sufrió una barbaridad con el estelar Vezenkov. Pero también de un apagado Giedraitis y de Sedekerskis, el soldado universal con algunas medallitas ya en la guerrera. Hasta el punto de cobrar una renta de diez (67-57, minuto 26), fase en la que sólo el estupendo ala-pívot visitante mantenía a flote las embarcaciones de El Pireo.

Lástima que al Baskonia le sobraran anoche los actos que representan el preámbulo y el epílogo. El primero y el último en los que mandó el potente equipo griego, mientras que los de medio se resolvieron -sobre todo el tercero- por la vía del auténtico k.o. Algo así como las dos caras de la luna, esa esfera en cuarto creciente con la valerosa reacción local y en fase menguante por el modo griego de solucionar la contienda.

Marinkovic, un hombre recuperado para la causa, trató de discutir mediante triples una derrota que se cernía según el gobierno de la noche giraba hacia la mente preclara de Sloukas. El base, junto a Vezenkov y los serios desperfectos que causó el gigante Fall bajo el aro alavés, firmaron la primera derrota europea de un Baskonia que se merece más actos de fe mientras reza porque la caída a plomo del pívot galo sobre la rodilla de Howard se quede en un suspiro de susto. Que así sea, por favor.