La bendita costumbre de ganar

Baskonia 90-Virtus Bolonia 79 | Euroliga Jornada 15

La bendita costumbre de ganar

Un Baskonia con mayores registros según avanza la temporada estira su formidable racha triunfal para acechar el liderato europeo

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Luis Aragonés ingresó en la historia del fútbol por los muchos méritos acumulados que corresponden a un gran entrenador. Y también al acuñar una frase célebre, machacona y reiterativa a más no poder. Para el sabio de Hortaleza el asunto se centraba en «ganar, ganar, ganar y volver a ganar». Pues en Vitoria le ha surgido un fiel discípulo de aquella enseñanza primitiva. Se trata del Baskonia, que con la victoria de ayer estira su racha triunfal hasta las nueve –cinco en Europa– para acechar, incluso, el liderato continental. Palabras de rango mayor.

El equipo vitoriano viene incrementando sus méritos según avanza la temporada. Al tiempo que adquiere paulatinamente una forma más redonda amplía el abanico de sus registros. Empezó la campaña avasallando adelante con una puntería quirúrgica. Pero ya hace semanas que perfecciona sus diques de contención y ahora se siente capaz de vencer con distintos modos. Lo suyo es ganar de cualquier manera, dicho en el mejor sentido del término.

Ayer aceptó una propuesta que no encajaba perfectamente con su estilo dinámico. Scariolo prefería transformar la velada en una prueba de medio fondo cuando Peñarroya apuesta por la velocidad. Pues vale, debió de pensar el catalán durante un primer tiempo más árido antes del intercambio de golpes tras el descanso. Es el don camaleónico azulgrana, apto para modificar los tonos de su piel según las circunstancias.

Intimidación interior

Así que el Baskonia aceptó el reto para resolverlo desde atrás, asumiendo que el tema también consiste en doblegar rivales a menos revoluciones de las deseadas. A través de una defensa estupenda, la intimidación interior que se añoraba en el amanecer del curso (tapones en serie con Costello a la cabeza) y también –por qué no escribirlo– los fallos visitantes en boca de gol de un Jaiteh empeñado en las pifias bajo el aro local edificó el cuadro alavés otro triunfo. Ya un hábito que sólo medio peligró –ni siquiera eso– a cuatro minutos del final (78-72) por cierta caída de tensión vitoriana, las canastas del venerable Belinelli –honor al dueño de un anillo con los excelsos Spurs de 2014– y de Mannion. Sólo que este bloque de Peñarroya muestra tal poso, cuajo y madurez que lejos de caer en el pánico ahuyenta los fantasmas de manera contundente y en un suspiro. Dentro de una gran labor coral, Costello y Marinkovic despejaron a córner y de manera súbita todas las dudas.

La tarea colectiva se merece el máximo reconocimiento. Pero aceptando esa coreografía común que alcanzó el brillo comunitario por la trabajada telaraña defensiva que molesta al adversario, ensucia sus ataques y le roba balones hay que aludir al peso específico de hombres concretos. Empezando por la dirección de un Henry embutido en el traje imaginario de Olentzero para repartir felicidad a sus compañeros hasta el partidazo de Marinkovic –agradable reverso de quien nada lució el ejercicio pasado– o el completo compromiso de los tres pívots más interiores.

Desde Costello en labores defensivas a los movimientos de espaldas de Kotsar y la colocación de bombillas en el techo por parte de un Enoch que ve en sus bases un filón para las continuaciones en el tercer piso. Aquella expresión del inolvidable Manel Comas para referirse a los vuelos de Kenny Green sin motor.

A este Baskonia nada se le reprocha. Tiene baloncesto, colmillo, ambición y la calma necesaria para sobreponerse a la cátedra de Shengelia en el poste bajo durante el tercer cuarto y a las aproximaciones –muy propias de la lotería navideña– de los exteriores de Scariolo cuando apenas le quedaba tiempo al Virtus. Acercamientos que el conjunto alavés resolvió con los modos autoritarios que gasta. Un bloque que de tanto avisar ya no es traidor.