El serbio Micic volvió a ser la estrella de la final de Euroliga. / efe

La emoción, único sustento

La final de la Euroliga se cerró con un marcador impropio que retrató un juego sin valentía en el que prima minimizar errores

Pepe Laso
PEPE LASO

Solo la emoción sustentó la final europea de esta temporada entre el Real Madrid y el Anadolu Efes. El ridículo 58-57 con el que se cerró el marcador, impropio de un partido en el que se enfrentan los dos mejores equipos del continente, no puede ser tratado como anecdótico. No solo la final, también las semifinales acabaron con canastas agón

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