Sikma defendido por Sedekerskis, la semana pasada en Berlín

Baskonia - Mónaco, hoy a las 20:30 La hora de fijar tendencias al alza

La última Euroliga evoca la necesidad de sumar triunfos ante rivales 'menores' para meterse en las ocho calles de la verdad

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

El Baskonia, por ambición de club, siempre aspira a viajar en el tren de la alta velocidad europea. Consciente, eso sí, de que el muy alto nivel del máximo torneo continental lo coloca en principio, junto a otros notables pasajeros, en esos vagones híbridos que tratan de engancharse a la cabeza tractora mientras tratan de no perder contacto con el aerodinámico morro del tren. Y ahora mismo, tres semanas y cuatro compromisos oficiales después de que los jefes del ferrocarril ordenasen que el convoy renudara la marcha tras los raíles alterados de la pandemia, la entidad vitoriana busca su acomodo entre la clientela de primera clase y quienes avanzan con un ojo puesto en en el frente y otro apuntando al retrovisor.

A las dos derrotas inapelables para empezar (en El Pireo y la visita del Milán) se sucedieron otros tantos triunfos bastante menos holgados. El taquicárdico ante el Panathinaikos bajo el techo imponente de Zurbano y ese amago de goleada en Berlín que concluyó pidiendo la hora a la mesa de anotadores. Así que ya va siendo el momento de redirigir el rumbo, enderezar los dientes de sierra que también afectan a la trayectoria doméstica y marcar una tendencia con más certezas y menos sobresaltos.

Necesita mejorar

Urge meter en el engranaje gremial a un Baldwin encogido para armar el juego

Dicen que conviene extraer lecciones del pasado y la última campaña demuestra que ni siquiera el notable bajo baste para alcanzar el muelle del puerto. Que traducido al lenguaje azulgrana significa la pugna hasta la última brazada por meterse en una de las ocho calles de la final de natación, la criba previa a la F4 de Berlín. Ese balance presuntamente favorable de 18-16 aún quema en la mente de la hinchada alavesa porque se tornó en una fórmula insuficiente y adversativa. De ahí que urge sumar victorias, más aún al abrigo del Fernando Buesa Arena, ante rivales como el Mónaco. Un conjunto curioso, de combustión efervescente, inquietudes elevadas y más plantilla que fulgor en su historia. La presencia en sus filas del 'genio' James en el doble sentido huelga otros comentarios.

Equilibrio, ese concepto

Para que a eso de las diez y veinte de esta noche refleje el casillero baskonista un 3-2 europeo se requiere que el cuadro de Dusko Ivanovic clave dardos en la diana de equilibrio. Ese vocablo abrelatas, el concepto mágico del baloncesto que aún queda a desmano -por lo visto hasta la fecha- de cuanto viene proponiendo el equipo vitoriano. Aludo a la correspondencia entre una defensa aceptable con ciertas lagunas y un ataque rácano que apenas alcanza los 69 puntos de promedio. Y también a la distancia teórica que separa el veneno exterior de un equipo con un dúo estelar de 'treses' de la escasa mordida a cargo de una batería interior renovada. La que, de momento, no infunde miedo a sus rivales ni marca diferencias.

El tiempo, esa variable que Dusko no admite, pasa y urge meter en el engranaje a jugadores como el encogido Baldwin a la hora de armar el baloncesto coral y la muñeca de Marinkovic. Elementos que contribuyan a una causa colectiva que encabeza el retornado Granger y la pareja báltica que forman Giedratis y Sedekerskis, el increíble hombre nada menguante.