De carne y hueso

De carne y hueso

Un Baskonia escaso de fuerzas sucumbe a la lógica numérica y muscular de un Barcelona que impuso su solidez desde la recta final del tercer cuarto

Carlos Pérez de Arrilucea
CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEA

Dado que la plantilla baskonista es, en la actualidad, cualquier cosa menos una familia numerosa, lo de mantener el tipo en los segundos esfuerzos sigue dependiendo de un alarde de equilibrios en la cuerda floja. Los compromisos continentales obligan a dejar casi vacío el depósito y luego llega la cita del fin de semana, donde el Baskonia tiende a jugársela a cara o cruz desde que comenzó perder jugadores de peso. Si el rival lo permite y hay una reserva de fuerzas y clarividencia suficientes, la verticalidad puede mantenerse. Otra cuestión es pretender salir airoso de un triple salto mortal cuando al otro lado se aposta el Barcelona de Svetislav Pesic.

Como si fuera un destino fatal pero también previsible, el conjunto azulgrana quedó tendido en la lona del Buesa Arena a manos de un oponente con una tropa más larga, más sentido de la constancia, un mejor empuje colectivo y una mayor eficacia. Ayudó a agudizar la disparidad de fuerzas la baja de última hora de Garino, de nuevo relegado debido a una lesión muscular. El argentino retornaba a la rueda maldita de la accidentalidad médica cuando apenas había disputado un partido tras superar una lesión anterior.

Problemas conocidos

Su ausencia volvía a dejar al Baskonia con un único alero puro, un contratiempo ya conocido y que convive con la consabida limitación de efectivos bajo los aros. Son complicaciones que de nuevo obligaron a Perasovic a articular otra filigrana de rotaciones mientras cruzaba los dedos para que las costuras aguantaran. Esta vez, no hubo sutura posible ante el empuje constante de un Barcelona mejor armado y que incluso se permitió el lujo de convertir a Kuric y Smits en estatuas sentadas en el banquillo. Debido a su merma de efectivos, al Baskonia no le queda otro remedio que enrolarse en las filas de la resistencia. Pelea desde la trinchera, casi siempre al borde del precipicio marcado por el aguante físico y la frescura mental. En un duelo de carácter más rutinario y sin el componente de drama de los de la Euroliga, los catalanes cocinaron a fuego lento a un Baskonia batallador, pero también de corazón agotado.

73 Baskonia

Vildoza (11), Janning (3), Shields (15), Voigtmann (16) y Diop (4) - cinco inicial-, Huertas (-), Poirier (6) y Hilliard (18).

82 Barcelona

Heurtel (11), Blazic (3), Hanga (6), Oriola (3) y Tomic (17) -cinco inicial-, Pangos (8), Ribas (11), Singleton (6) y Claver (9).

Árbitros
Fernando Calatrava, Luis Miguel Castillo, Iyán González Gálvez. Sin eliminados.
Incidencias
partido correspondiente a la decimoséptima jornada disputado en el Fernando Buesa Arena de Vitoria ante 10.739 espectadores. El Baskonia celebró su 60 aniversario con una equipación clásica diseñada para este encuentro.

El dominio de las 25 primeros minutos, la esperanzadora ráfaga anotadora de Hilliard en el segundo cuarto o los chispazos de brillantez de Shields , Vildoza o Voigtmann perfilaron otro cuadro de trazo épico, pero también incompleto. La resistencia saltó por los aires en las postrimerías del tercer capítulo. El conjunto vitoriano logró situarse con un 61-56 a minuto y medio para el cierre del cuarto. Los vitorianos se habían sobrepuesto a otros acercamientos del Barça, pero en esta ocasión la desconexión fue total. Seis puntos consecutivos de Tomic reflejaron no solo el nivel de saturación de Diop o Poirier sino también los problemas para contener a un Heurtel en su versión más generosa. El Barcelona encaraba el último cuarto con un 60-61, en pleno ascenso de una escalera por la que comenzaba a trompicarse el Baskonia.

Fatigado por una carrera que ya se hacía muy larga, el repertorio ofensivo del equipo vitoriano se redujo al tiro triple mientras el Barcelona iba sumando protagonistas. El Baskonia encajó un primer parcial de 2-14 (63-70, minuto 32). Voigtmann se quedó en héroe solitario apostado desde más allá de 6,75, Ribas ponía el acierto triplista que no terminaba de encontrar el anfitrión y Heurtel se sentía cada vez más fortalecido en el pulso de bases frente a Vildoza y Huertas. El francés se encargó de cercenar las últimas opciones de un Baskonia con serios problemas para sostenerse en pie en defensa y de ideas nubladas de cara al aro contrario. El plantel vitoriano cerró la primera vuelta liguera con los deberes coperos hechos, pero también con un golpe que le recuerda que, en cierta batallas, sigue siendo de carne y hueso. Demasiado humano.