El pulso del huracán

El pulso del huracán

El Baskonia amplifica su intensidad y acierto tras el descanso para anular al Khimki y mantener el timón firme en la dura travesía hacia cuartos de final

Carlos Pérez de Arrilucea
CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEA

El Baskonia sigue aferrado a la buena costumbre de alternar su paso correcto en la Euroliga con la capacidad para alejar perseguidores en la clasificación. Se encargó la semana pasada de dejar atrás al Zalgiris y este viernes hizo lo propio con el Khimki, otro aspirante a subirse al tren de los cuartos que comienza a ver cómo se difuminan sus opciones tras su sonoro derrumbe en el Buesa Arena. La escuadra rusa quedó anulada en el coliseo azulgrana por obra y gracia de un anfitrión que encontró el pulso adecuado tras el descanso para desatar un huracán abrumador.

Fue el momento en el que quedaron al desnudo las almas de ambos equipos; la de un plantel vitoriano capaz de trabajar a destajo para amplificar su intensidad y la de un oponente moscovita demasiado acomodado en sus virtudes individuales, sin mucho apego a pelear en el barro ni de aplicarse en las mínimas normas de correcto comportamiento defensivo. El Baskonia comenzó entonces a escribir en primera persona el guion del partido hasta su conclusión. Un rotundo 104-86 y segunda victoria consecutiva en casa, donde no es nada recomendable fallar en esta recta final de fase regular. Llegará la semana que viene el Buducnost y el conjunto azulgrana buscará el pleno como local para después sentir cómo el trazado se complica todavía más. De momento, su posición en la tabla es estable, anclado en el sexto escalón e igualado a victorias con el Armani Milán y el Olympiacos. Llegarán las jornada más comprometidas y se redoblará la presión en las próximas semanas, pero el Kirolbet sigue decidido a no caer en el pesimismo en su carrera hacia los cuartos.

104 Kirolbet Baskonia

Vildoza (12), Shields (13), Garino (4), Voigtmann (16) y Poirier (18) -cinco inicial-, Huertas (7), Diop (13), Janning (11), Jones (-), y Hilliard (10).

86 Khimki Moscú

Shved (15), Jenkins (3), Vialtsev (5), Zubkov (9) y Malcolm Thomas (19) - cinco inicial -, Crocker (18), Markovic (2), Monia (9) y Gubanov (6).

Parciales:
22-17, 18-24, 38-16 y 26-29
Árbitros:
Luigi Lamonica (Italia), Damir Javor (Eslovenia) y Anne Panther (Alemania). El visitante Crocker fue eliminado por faltas personales (min. 38).
Incidencias:
Partido correspondiente a la vigésima quinta jornada de la Euroliga disputado en el Fernando Buesa Arena de Vitoria ante 10.739 espectadores.

Triunfos como el de este viernes ante el Khimki ayudan lo suyo a hinchar las velas de la confianza. El Baskonia supo adaptarse a dos tipos de partido distintos. Transitó dubitativo e inconstante en una primera parte en la que se apoyó en el poderío interior de Poirier. Tan soberbia fue la pujanza de Poirier como insuficiente. Mientras Hilliard gastaba piernas y faltas en la defensa de Shved, el Khimki encontró recursos para sembrar la inquietud en el Buesa. La telepatía entre Huertas y Poirier propició los momentos de dominio en las postrimerías del primer cuarto, que se cerró con un 22-17, aunque Thomas se erigió en un hombre con capacidad de respuesta ofensiva bajo el aro vitoriano. Bastó el retorno a cancha de Shved, no solo grande por su anotación sino también por lo que genera, y la aparición del acierto triple de Monia y Crocker para que los rusos tomaran la delantera (25-27, minuto 14).

El Baskonia sufrió para encontrar su ritmo adecuado de pedalada. Le faltaba el combustible del triple, justo de lo que parecía sobrado el Khimki, y no había chispa incendiaria alguna en su trabajo defensivo. El despertar de Voigtmann ayudaba a recuperar sensaciones, pero el duelo seguía jugándose a una cadencia lenta, a media cancha.

Un nuevo triple de Crocker clausuró la primera parte con un 40-41. Se reconsideró la situación en el vestuario y la consigna quedó clara. La defensa se convirtió, sobre todo, en una cuestión de responsabilidad individual. Fue el mejor antídoto contra un rival marcado por el personalismo de Shved. Los espacios se cerraron para el Khimki, ya inseguro ante la acumulación de pérdidas y castigado en transición por un Baskonia que lucía sonrisa de depredador a la carrera. Fue la ocasión para que Shields acelerara la transición o para que Voigtmann volviera a desplegar su clase en el pase y en la culminación del contraataque. El choque tomaba ese cariz tormentoso que tan bien le sienta al Baskonia. Las transiciones fulminantes dieron paso al aguacero de triples. Parcial de 38-16 en el tercer cuarto (78-57, minuto 30). Una bofetada incontestable de la que ya no se levantó al Khimki mientras los azulgranas enfilaban cómodos hacia el cierre en el carril de aceleración.