Ileso tras la última curva

Ileso tras la última curva
Blanca Castillo

El Baskonia sale indemne de un desenlace marcado por los sustos y las imprecisiones ante el Andorra y mira ya de frente la serie contra el CSKA

Carlos Pérez de Arrilucea
CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEA

Cerca estuvo de prender la rebelión visitante y el Baskonia cerró su último compromiso antes de la serie de cuartos contra el CSKA con las palpitaciones un tanto desbocadas. Un duelo que parecía tener todos los ingredientes para ejercer el control cerca estuvo de dar un susto mortal a los vitorianos. La determinación del MoraBanc Andorra y algunas concesiones de los hombres de Perasovic redefinieron el encuentro en su desenlace. El Baskonia que sacaba la cabeza con un triple de Voigtmann que colocaba el 78-71 a falta de dos minutos y medio cerca estuvo de negociar de manera errónea la última curva del encuentro. Poco antes, las inseguridades habían comenzado a aflorar después de dos pérdidas de balón de Vildoza y la reaparición del acierto triple de Shurna, heterodoxia pura en su mecánica de tiro pero de una eficacia digna de elogio. El ala-pívot de Illinois respondió con la misma moneda al alemán para después ver cómo Jelinek culminaba en canasta una penetración plena de valentía, esa virtud que le había reclamado su técnico Ibon Navarro en un tiempo muerto anterior.

El marcador se estrechaba con un 78-76 a falta de poco más de minuto y medio para el cierre. El bólido azulgrana amagaba con un derrape fatal. El siguiente de ataque reflejó la desazón azulgrana. El tiro final fue poco menos que una rifa fulminante que terminó por tocar a Poirier, autor de un tiro frontal sobre el límite de la posesión, ese tipo de bazas ganadoras que se encuentran a caballo entre la carambola y el virtuosismo. El poste francés emergía como hombre resolutivo para acumular otra acción decisiva en su posterior tapón a un Diagné que se había convertido junto a Sané en uno de los factores de la resurrección andorrana. Dos ases sacados de la manga de Poirier devolvían el color a un Baskonia que se apoyó, ni sin algún titubeo, en los tiros libres y en el rebote ofensivo para mantenerse a flote. El triple de Jelinek a cuatro décimas de la conclusión tan solo sirvió para cuadrar el marcador final. El Kirolbet dejaba los deberes hechos antes de los exigentes exámenes continentales.

84 Baskonia

Vildoza (7), Shields (16), Garino (12), Voigtmann (9) y Poirier (10) -cinco inicial-, González (-), Huertas (9), Diop (-), Shengelia (11) y Hilliard (10).

82 Morabanc

Albicy (3), Vitali (4), Upshaw Jr. (4), Shurna (23) y Diagne (15) -cinco titular-, Luz (15), Jelínek (10), Sané (8) y Jordan (-).

Árbitros
Emilio Pérez Pizarro, José Ramón García Ortiz y Arnau Padros. Sin eliminados.
Incidencias
Partido correspondiente a la vigésima séptima jornada de la Liga Endesa disputado en el Fernando Buesa Arena de ante 8.107 espectadores.

El duelo ante la escuadra andorrana se situaba como un entremés obligado antes de poner rumbo a Moscú para afrontar el play off de la Euroliga contra el CSKA. En la víspera de un pulso mayúsculo, el conjunto azulgrana se empleó con las suficientes dosis de eficacia como para no coger el chárter hacia tierras rusas con un regusto amargo.

Eso sí, quedan en el aire las razones reales de sus intermitencias o esa sensación de partido escapado de control avanzado el tercer cuarto. Con la incorporación de Shengelia y Garino la escuadra azulgrana transmite un perfil de mayor empaque. El aumento del número de efectivos eleva las alternativas y también transmite un mensaje de calma a algunos jugadores que sumaban tres meses de tensión continua como integrantes de una plantilla mínima. El argentino da oxígeno al perímetro mientras que el capitán recupera de forma gradual sus galones a costa del ostracismo de Jones. Pero el reingreso en el equipo de ambos también depara altibajos, como si la máquina tuviera que aminorar para que los recién llegados puedan avanzar en su acoplamiento.

Luego, están los recursos del rival, un MoraBanc Andorra que no se dejó llevar ante el dominio imperante del Baskonia durante gran parte del duelo. El conjunto azulgrana marcó la pauta del choque en los dos primeros cuartos con dos ingredientes básicos de este juego; el acierto y el dominio del rebote. Shields y Hilliard fueron referentes anotadores ante una versión más gris de Vildoza mientras que Poirier ejercía de faro en la pintura.

Dominio reboteador

El poder reboteador permitía al Baskonia controlar el metrónomo y correr a cancha abierta cuando se terciaba la ocasión. Mantenía a raya a un rival que sufría ante la diferencia física y que trataba de agarrarse el encuentro de la mano de Shurna y Rafa Luz. El cuadro vitoriano alcanzó el descanso con un holgado 42-31 sin transmitir la sensación de haberse vaciado en su juego. Amenazó con romper el duelo en el inicio del tercer cuarto al situarse con una renta máxima de 14 puntos (47-33, minuto 24) y trató de enfriar el encuentro en los minutos posteriores a la espera de que el Andorra tirara la toalla. Lejos de hacerlo, el conjunto de Ibon Navarro respondió con una pareja interior más robusta formada por Diagné y Sané y un parcial de 2-9 para cerrar el tercer capítulo con un 57-52. La oleada andorrana arreció en el último acto mientras la fortaleza azulgrana daba paso a una versión más dubitativa.El reparto de imprecisiones terminó por hacer un guiño cómplice al Baskonia.

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