En el límite de la ilusión continental

Coty Clarke y Earl Clark evitan la progresión de Vincent Poirier, durante el partido del jueves en el Moraca Sport Hall de Pogdorica. /Boris Pejovic
Coty Clarke y Earl Clark evitan la progresión de Vincent Poirier, durante el partido del jueves en el Moraca Sport Hall de Pogdorica. / Boris Pejovic

Perasovic debe reconducir la actitud del Baskonia sobre el campo de manera inmediata si quiere mantener vivo el sueño de una Final Four en casa

Sergio Eguía
SERGIO EGUÍA

Más antes que después, todo el mundo ha de enfrentarse al delicado momento. A Pedro Martínez le llegó de manera fulminante, en la tarde del viernes. Ese en el que si te dan tiempo, se empieza a pensar en recoger y resignarse a dictar testamento.

Sigamos robando versos al maestro de Úbeda y recordemos -aunque tarde ya- que mejor sin prisas. Porque por mucho fatalismo que se sienta en estos momentos, el Buesa Arena tampoco es aficionado a las misas de réquiem. Es en un momento delicado, sí, pero tampoco parecía que el Baskonia necesitara estrenar trajes de madera, que cantaría Joaquin Sabina. Y eso que a Martínez le habían hecho uno a medida horas antes, bien forrado en sábanas de satén blanco.

Con la derrota del jueves contra el Buducnost -tiene lo suyo que la palabra signifique 'futuro' en castellano-, los de Pedro Martínez se colocan en la misma situación clasificatoria en la Euroliga que el año pasado por estas fechas. Eso sí, con una diferencia notable. Anímicamente, el grupo parece agotado, cuando no hundido. Es tarea de Perasovic, desde ya, cambiar lo que hereda. Que es muy bueno.

Recordemos. El entrenador catalán estrenó su segunda etapa azulgrana con una mochila cargada con las cuatro derrotas, en las cuatro primeras citas, que le legó su precedesor. De los tres siguientes partidos sacó dos adelante -Panathinaikos y Real Madrid- y se plantó en la octava jornada con un balance de 2-5. El actual. Pero con la barbilla arriba, sacando pecho para recuperar el aliento tras huir de la pálida dama, que invitaba a tumbarse con ella en una cama que algunos insinuaron se podría haber vestido de nuevo en Montenegro.

Otro equipo Euroliga

Este curso, las sensaciones son otras. A nadie le extrañaría un balance de 4-3. Hasta se celebraría el haber perdido solo con Olympiacos, Real Madrid y Fenerbahce. Porque esto es un deporte y se puede perder con todos. No pasa nada. El rival también juega. Lo preocupante es cuando eres tú el que no juegas. Más en un club con el carácter como seña de identidad. Entonces sucede que el baloncesto también es un negocio.

Ahora llega, en ACB, el Gran Canaria. Otro equipo Euroliga. En horas bajas, pero de alta calidad y quizá -por haber caído antes- más preparado a levantarse después de haber tocado fondo. La victoria ante el Maccabi hace pensar que así es. ¿Lo habrá hecho también el Baskonia? Pronto lo sabremos. Con dolor si la respuesta es no. Porque significará que el cambio de técnico carecía de sentido. Milan y Panathinaikos están agazapados a la vuelta de la esquina y no tendrán piedad.

Las tres derrotas que encadena el Kirolbet es la segunda peor racha desde que Martínez lleva la pizarra. Solo en enero pasado estuvo peor, tras perder cuatro duelos seguidos. El primero, entraba en lo previsible, cuando el CSKA visitó el Buesa el 29 de diciembre (81-90). El segundo, inesperado, en San Silvestre, ante el UCAM Murcia de Ibon Navarro (78-67). ¡Qué bien cogida la medida le tiene el vitoriano a los del paseo de Zurbano! Luego, 69-81, en la revancha del Real Madrid por la paliza de 30 puntos que se había llevado en Euroliga. Finalmente, en Estambul (79-74) frente al Fenerbahce, en la víspera de Reyes. Cuatro derrotas, jugando relativamente bien en tres de los cuatro partidos.

Borrarse en defensa

El pánico que zarandea en este momento al baskonismo no es tanto por los resultados sino por la actitud de los jugadores, que dista mucho de la que se supone a los que fichan por la entidad alavesa. Errar tiros es una pesadilla, pero entra dentro de las normas no escritas del deporte. Borrarse en la defensa del 1x1, no. Ser superado por tu par una y otra vez y no hacer nada por remediarlo es una traición a uno mismo y una terrible deslealtad con el grupo y con los aficionados, que son los que pagan y sufren con todo este espectáculo.

Alcanzar los sueños, como lo es una Final Four en casa, implica sangre, sudor y lágrimas. Llorar ya se ha hecho. Toca sudarlo. En rojo si es necesario. O resignarse a ser un equipo menor, una comparsa que se conforma con entrar en el Top 8 si hay suerte. Estar en la Final Four, a priori, obliga a no cruzarse con CSKA, Fenerbahce o Real Madrid antes de tiempo. A cinco encuentros, Itoudis, Obradovic y Laso tienen más gorda la cartera y la plantilla más larga. Seguramente a este Baskonia, para ser comercial solo le falte un buen estribillo. Eso sí, el entrenador no está en el escenario para cantarlo.

La clave

En enero
El equipo solo encadenó tres derrotas una vez desde la llegada de Pedro Martínez al banquillo
Mismo inicio
Tras caer en Pogdorica, el Kirolbet se encuentra con las mismas victorias y derrotas que el año pasado
Evitar los últimos puestos
Si entrar en el Top 8 ya es un éxito, aspirar a la final pasa por buscar un rival de 'play off' asequible

 

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