Baskonia

Un listón muscular

Tornike Shengelia pelea un rebote con el joven Gabriel Deck, en el que algunos ven una futura versión de Andrés Nocioni. /Blanca Castillo
Tornike Shengelia pelea un rebote con el joven Gabriel Deck, en el que algunos ven una futura versión de Andrés Nocioni. / Blanca Castillo

La Supercopa muestra un camino de sufrimiento constante al Baskonia para plantar cara a plantillas dominantes en número y físico

Carlos Pérez de Arrilucea
CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEA

El Baskonia se marchó de la Supercopa consciente de haber desplegado un rendimiento óptimo en la etapa prólogo al inicio de la campaña de Liga ACB, que más adelante cederá el testigo a la Euroliga. En Santiago de Compostela, el conjunto de Pedro Martínez libró dos batallas mayúsculas ante el Barcelona y el Real Madrid, el primero dispuesto a recuperar su posición dominante y el segundo preparado para mantener la que ahora ostenta. Para el club vitoriano, el reto sigue siendo el de su reciente trayectoria histórica; plantar cara a dos colosos con superior poder económico y tratar de aprovechar las grietas que puedan conceder en el asalto a la cima.

En esta ocasión, el Madrid volvió a negar cualquier opción al Kirolbet, tal y como hizo en la pasada final liguera. Los retoques en ambas plantillas no han reducido la diferencia de potencial, clara a favor de los blancos, que hay que intentar recortar con otros recursos. En el caso del Barcelona, las bajas de Hanga, Ribas y Seraphin pudieron mermar a los de Pesic, pero no dejaron de ser un plantel belicoso para el Baskonia, capaz de aferrarse al duelo hasta sus instantes finales incluso tras ceder 20 puntos de renta. Mientras, el conjunto vitoriano actuó en ambos encuentros con once jugadores sanos con minutos, un Tadas Sedekerskis sin protagonismo alguno y con Ajdin Penava descartado de la convocatoria. ¿Es suficiente?

No lo fue, al menos en la Supercopa ya archivada, que mostró a los vitorianos algunos caminos y que les obliga a la reflexión. Frente al Barça y, especialmente, ante el Madrid, no solo hay una cuota excelsa de talento a la que igualarse. También hay un listón físico que superar. Hay anatomías privilegiadas para el baloncesto como la del merengue Walter Tavares, que apunta a un nuevo curso de intimidación. Pero también está esa sensación de que las piernas y los relevos funcionan en el momento crítico en plantillas como la blaugrana o la merengue mientras que la maquinaria baskonista vibra y amenaza con reventar el motor tras un notable recorrido precedente.

Deck y Shengelia

Klemen Prepelic fue en factor de peso que pocos esperaban, pero también lo fueron secundarios especialistas como Jeff Taylor o incluso el joven Gabriel Deck, capaz de dar réplica defensiva a Tornike Shengelia en el último cuarto de la final. El parcial definitivo fue un tormento para los Pedro Martínez. Ante los catalanes fue de 20-13 en contra. Contra los de Laso, 19-11. En el primer caso, el Baskonia fue capaz de maniobrar entre bandazos para no quedar en la cuneta. Frente al actual campeón de la Euroliga y de la Liga ACB, nada pudo salvarle. La fluidez colapsó en medio de una atmósfera de fragor físico muy difícil de sobrellevar para un conjunto azulgrana con una capacidad para elevar su nivel de agresividad limitada, pero que tendrá que aprender a explotar al máximo cuando tenga que medirse a equipos de talla XXL.

El Real Madrid y el Barcelona lo son, pero también hay estructuras gigantes en la Euroliga. Al conjunto vitoriano le tocará administrar sus recursos, bordar la eficiencia y, ¿por qué no? hallar esa chispa de locura o carácter imprevisible que, en ocasiones, ayudan a ganar partidos.

 

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