El madridista Sergi Llull sortea la defensa de Lundberg y Kurbanov, del CSKA. / EUROLIGA

Madurez y equilibrio en el Real Madrid

Mucho tiene que ver con la estabilidad del proyecto desde hace años, seguramente por haber logrado una buena suma de títulos y presencias en fases finales

Juanjo Brizuela
JUANJO BRIZUELA

Lejos de parecer algo referente a etapas pasadas, la madurez es un estado que se construye sobre el equilibrio y la simplicidad. No quisiera caer en tópicos ni en estereotipos que acomodan nuestro pensamiento en la batalla entre la locura de la juventud, las improvisaciones y la inexperiencia frente al conservadurismo de lo 'ya sabido'. Esa madurez que te otorgan las experiencias vividas pasadas hace que los siguientes pasos se construyan desde las ideas básicas, las que se dan por supuestas y las que parecen tan obvias que sorprende hasta verlas implantadas.

El Real Madrid de baloncesto se refleja fielmente en este espacio de la madurez. Es cierto que mucho tiene que ver con la estabilidad del proyecto desde hace años, seguramente por haber logrado en este tiempo una buena suma de títulos y presencias en fases finales de las competiciones española y europea. Lo cierto es que ver jugar al Madrid te produce esa sensación de saber qué te vas a encontrar, independientemente de los jugadores que tengas enfrente. Es la ventaja de los proyectos con firme identidad y cultura de juego, tan costoso de lograr como difícil de implantar día tras día sin salirse del guion. Ideas claras, bien entendidas y por tanto ejecutadas y principios del juego alineados con este propósito: para ganar hay que jugar sencillo.

En ese estado de madurez destaca el equilibrio. ¿Qué significa? Que además de disponer de respaldo para construir una plantilla amplia, la misma se desarrolla haciendo que cada posición en el campo se complemente con otra sin destacar demasiado. Resulta difícil decidir qué rol brilla más en el Real Madrid porque se muestra más como 'un todo' que como la suma de las partes. Fíjese, la temporada nos muestra un equipo con un potencial exterior extraordinario capaz de abrir mucho el campo en velocidad y en estático y tirar de 3 puntos, pero para ello necesita las mejores prestaciones de sus interiores. ¿Tiene lógica? Por supuesto: más atención a la presencia de Tavares o Poirier hace que Heurtel, Llull, Rudy, Abalde o Causeur percutan desde la distancia. O puede darse el caso de jugar con un equipo de 'pequeños' y sean precisamente sus 'medio-grandes' quienes, como Yabusele y en especial Tavares, escarben en la diferencia frente al rival. Esto es equilibrio, saber que lo que ocurre en una parte del campo en realidad influye en la otra.

Sucede también que si describiéramos el potencial del equipo, nos llevaría a pensar en su capacidad de anotación. Efectivamente es así, pero también es cierto que lidera los guarismos de rebotes capturados así como el de tapones e igualmente es de los equipos que más provoca bajos porcentajes en el tiro exterior de sus rivales, es decir, su defensa. No se entiende a este Madrid sin esfuerzo extra en defensa porque traspasaría un límite inaceptable desde el banquillo y desde el campo. Si quieres anotar, defiende más.

No se entiende a este equipo sin un esfuerzo extra en defensa porque traspasaría un límite inaceptable desde el banquillo y desde el campo

Así que en esta pelea entre equilibrio y competitividad, el Real Madrid se agarra con fuerza en hacer de la madurez y la simplicidad su impronta más evidente. Eso sí, hay una rendija por la que el equipo sufre como Aquiles: Tavares. Es este jugador quien más condiciona el juego propio y el de su rival. Anular su capacidad de generar así como desgastar su condición física hace que el equipo sufra más de la cuenta y esto desequilibra la contienda. El Madrid lo sabe y por eso protege siempre su actuación poniendo a su lado a escuderos que le permitan estar el máximo tiempo posible en el campo dando como resultado el gran rendimiento de Yabusele o cada vez los mejores números de Poirier. Cuestión de equilibrio.