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El Baskonia alza las alas con un parcial de 12-2 en la recta final de un choque flojo y gris El Caja Laboral apenas demuestra avances en su baloncesto en una victoria sin brillo frente al Lucentum Alicante
14 de noviembre de 2011
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Lento progreso. Seraphin jugó a ráfagas, pese a mostrarse como el mejor 'cinco' baskonista. :: IGOR AIZPURU
CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEA | VITORIA..-

El Baskonia continúa navegando en círculos. Es una nave que puede haber reclutado nuevos marineros el pasado verano, pero que todavía se guía sobre la cancha con los mismos contramaestres. Observar ayer el incansable esfuerzo de Mirza Teletovic y Fernando San Emeterio ante el Lucentum es como para elogiar el sacrificio de ambos, pero también es una invitación a preguntarse cuándo algún novicio se decidirá a cambiar un guión machacado con terquedad durante la pasada temporada y que, de momento, no parece cambiar sus líneas argumentales en el nuevo curso. Al menos, el conjunto vitoriano sumó ante la sorpresa del inicio de campaña una nueva victoria que le permite escalar posiciones en la clasificación.

Logró esquivar los obuses lanzados por el Lucentum y encontró a tiempo la fluidez en cinco minutos finales en los que endosó un parcial de 12-2 que desarboló por completo a la escuadra de Vidorreta. La tranquilidad después de un zarpazo letal que el conjunto alicantino encajó sin miramientos, desesperados sus jugadores por los despistes de bulto a ambos lados de la cancha e indignado su técnico por la labor del trío arbitral.

Polarizado

Todo un alivio para un Caja Laboral que parece condenado a no encontrar una tarde tranquila en el arranque de campaña. Su rodaje es un compendio de desasosiegos, un transitar quebrado en el que le cuesta un horror dar varias zancadas limpias. Para colmo, ahora mismo se trata de un equipo polarizado con dos extremos claros. De un lado se encuentran aquellos jugadores que saben que, más allá de figurar en el quinteto inicial, tienen todos los boletos para ser carne de banquillo en los momentos cruciales y los que agotan la reserva conscientes de que, a pesar de sus errores, son imprescincibles para sacar un partido adelante. Y entre los dos extremos, una clase media donde hay de todo; desde los cumplidores hasta los que no encuentran el camino a pesar de contar con una cuota de minutos que para sí quisiera algún compañero.

Lo fácil sería achacar a Dusko Ivanovic semejantes desequilibrios, pero no es menos cierto que hay jugadores que quizás no aporten, de momento, suficientes argumentos como para confiar en situarlos en primera línea del frente. Y ante la duda, el preparador azulgrana se fía de lo bueno conocido, de Teletovic y San Emeterio, los pilares principales del triunfo de ayer. De momento, son mimbres que valen para no meterse en ciénagas comprometidas en el inicio de temporada. Queda por ver si se sostendrá así la estructura cuando avance el curso y el Baskonia se interne en los momentos decisivos de las competiciones por las que pelea.

Porque el Baskonia volvió a demostrar ayer que continúa en obras, en plena asimilación de conceptos, buscando su propia personalidad y modelando su patrón de juego. Al fin logró batir sus alas en ataque a cinco minutos del final, después de que Benjamin Dewar igualara el choque (53-53, minuto 35) y sembrara la intranquilidad en el Iradier.

Fue el momento en el que Mirza Teletovic logró romper la reserva de pólvora, de la que también se sirvieron Oleson y Prigioni. Para entonces, San Emeterio bastante tenía con guardar fuerzas en la contención de Kyle Singler después de liderar en el tercer cuarto el primer intento de despegue azulgrana, resuelto con un parcial de 18-14 y que permitió al conjunto de Ivanovic entrar en los diez minutos finales con 48-41 que, más adelante, sería incapaz de salvaguardar.

Porque el Lucentum supo imponer sus trampas durante más de tres cuartos de encuentro. Condenó al Caja Laboral a un juego pausado y de digestión lenta, un marcador que, más que bajo, sobrepasaba los límites de la avaricia. Y logró imponer su estilo hasta que el encuentro entró en los momentos en los que la pegada es vital, justo cuando el Baskonia logró liberarse de sus ataduras.

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