La losa del desacierto

La losa del desacierto

El Baskonia se desangra en una espiral venenosa de imprecisiones que alcanza su cénit en un cierre del que sabe salir vivo el Armani Milan

Carlos Pérez de Arrilucea
CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEA

Pocos venenos son tan letales para un equipo en estado de tensión y presionado por las urgencias como la falta de acierto. Nada daña más los propósitos de enmienda de un viajero rezagado en la carrera continental como verse siempre a milímetros de cambiar el signo de un encuentro para después volver a la casilla de salida. Atrapado en este círculo vicioso, el Baskonia encajó en la cancha del Armani Milan su sexta derrota en la Euroliga para mantener en cuarentena cualquier propósito claro de rehabilitación.

Por mucho que Pedro Martínez sea ya un nombre más del pasado y que Velimir Perasovic haya consumado una nueva reaparición en el banquillo azulgrana, el Baskonia sigue siendo un equipo con problemas. En un escenario alejado del calor hogareño del Buesa y frente a un rival exigente, volvió a mostrar que uno de sus grandes déficits reside en la falta de acierto. Se trata de un concepto quizás simple pero que puede serlo casi todo en un juego de precisión como el baloncesto. Puede que haya una veta de calidad suprema todavía escondida en las entrañas de la plantilla que debe descubrir el técnico croata. Si es así, más vale que la maquinaria de prospección se apresure antes de que se aleje más el tren continental.

Negado ante el aro

En el Mediolanum Forum, el Baskonia fue un equipo de una imprecisión pasmosa en todos los rangos de tiro. Desde los lanzamientos libres, con el pleno de seis errores firmado por Shengelia hasta la artillería triple, de nuevo por debajo de lo recomendable según los parámetros de la Euroliga y con una eficiencia ofensiva mucho menor que la del equipo dirigido por Pianigiani y en el que no se vistió de corto Nedovic.

93 AX Milan

James (20), Cinciarini (4), Micov (22), Brooks (12) y Tarczewski (8) -cinco inicial-, Gudaitis (6), Bertans (3), Kuzminskas (5), Burns (-) y Jerrells (13).

90 Kirolbet Baskonia

Vildoza (15), Hilliard (8), Shields (2), Shengelia (8) y Poirier (18) -cinco inicial-, Voigtmann (4), Huertas (10), Janning (18), Diop (2) y Garino (5).

Parciales:
27-26, 20-17, 26-25 y 22-22
Árbitros:
Milivoje Jovcic (Serbia), Fernando Rocha (Portugal) y Petri Mantyla (Finlandia). Sin eliminados.

El duelo se cerró con un intento desde más allá de 6,75 de Hilliard taponado de manera contundente por Brooks. Adiós a la posibilidad de una prórroga que hubiera sido milagrosa. En realidad, solo las concesiones de la escuadra lombarda en los instantes finales permitieron al Baskonia mantener un fino hilo de conexión con el partido. Los azulgranas habían logrado entrar en la recta final con opciones gracias a un triple de Vildoza que marcaba el 88-85 a tres minutos del final. Los azulgranas habían decidido ya jugarse un triunfo vital para sus opciones europeas a un duelo de pistoleros, como si se vieran capaces de igualar el poder milanés, abanderado por jugadores excesivos como James y Jerrells, equilibrados por la sapiencia de Micov. El conjunto vitoriano eligió a sus mosqueteros, pero las estocadas de Vildoza y Hilliard terminaron por ser fallidas. Solo Janning fue capaz de mantener vivo un partido que terminó por escaparse de las manos después de un gasto de pólvora de una ineficacia desoladora. Porque ya no eran solo los lanzamiento errados con un defensor encima. También eran los tiros liberados tras un buen pase, esos que deben embocar el aro cuando la calidad se presupone.

Sin cierto nivel de excelencia, el tránsito en la Euroliga se puede convertir en un calvario continuo. Si Pedro Martínez era un problema que taponaba el talento de los jugadores azulgranas, el brillo no salió a relucir en la primera prueba de la transición comandada por Velimir Perasovic. El duelo sirvió para contemplar de nuevo la resolución de Janning en ataque, la licencia para el tiro de que dispone Vildoza o la situación en la que sigue Hilliard, con toda la confianza del croata pero sin que se le detecte instinto asesino alguno. Para colmo, Shields quedó en una anécdota con siete minutos de juego para convertirse en una razón más para torcer el gesto.

Cabría consuelo por haberse quedado tan cerca si el Baskonia no se viera tan hundido todavía en la clasificación continental, tan incapaz de reactivar el motor de arranque. Chispa y valentía no le faltó al conjunto vitoriano,pero también careció de esa dureza defensiva necesaria como para no depender de la ruleta del acierto. Al final, en este juego del meter, el Armani Milán demostró que es otro equipo de Euroliga con más focos de amenaza, con más física y más química que el plantel que debe reordenar Velimir Perasovic.

 

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