Paciencia para remar y madurez para controlar

Manu Moreno
MANU MORENO

Necesitaba el Baskonia refrendar su mejoría de juego con una victoria, porque el jugar y competir bien, si no se gana, en el fondo sirven de poco. La victoria se tocó con la punta de los dedos tanto en Tel Aviv como en Belgrado y por fin se alcanzó en el WiZink frente al Real Madrid. El partido discurrió sobre una partitura completamente diferente a lo sucedido en los dos partidos referenciados: si en ellos el rendimiento fue de más a menos, dejando que sus contrarios marcasen la pauta en los momentos finales, frente a los de Pablo Laso sucedió lo contrario. Frente a un primer periodo donde los locales dominaron modo y marcador, la respuesta de un Baskonia centrado y con un nivel de confianza notable para asentarse en el tercer cuarto, ponerse por delante y rematar en el último.

El desarrollo del juego presentó muchos matices. No fue plano. Tampoco un carrusel de efectos. Cada equipo aprovechó sus momentos y a favor de los baskonistas cabe destacar sobre todo su control de la ansiedad cuando le toco remar y la madurez para controlar y rematar al final. Fue un detalle importante sacar a Tavares y Poirier de la zona para controlar los tiros lejanos de Costello o Peters y buscar espacios donde pelear el rebote ofensivo. Tampoco podemos olvidar los minutos en que la creatividad del juego en medio campo se dejó en manos de un eficaz Fontecchio para recuperar el marcador en el tercer periodo. En definitiva, un juego coral que tanto mejora a los azulgranas y que tiene fiel reflejo en el reparto de las anotaciones.

El Baskonia reaparece frente a la competición con la intención de renovarse, como avanzó su entrenador, y en una primera mirada parece que es así. Adelantó cambios de roles y juego. La primera semana de esa regeneración parece indicar que el asunto va por ahí. Hay que darles tiempo para ver si esta vez dan con la tecla. Cuando repites algo que no funciona lo normal es que siga sin funcionar. Esperemos que el inconformismo cambie la senda de esa acomodada frustración en la que estaba asentado el equipo.