El pecado capital de conceder tanto

Panathinakos 98-83 Baskonia | Euroliga Jornada 7

El pecado capital de conceder tanto

Un Baskonia sin lucidez desde la dirección y generoso en regalos se desploma sin pulso tras el descanso

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

El Baskonia que venía obteniendo calificaciones generales en torno al notable, con sobresalientes concretos y hasta matrículas de honor se desploma de verdad las noches de caída libre. Ya le ocurrió en la pésima velada de Villeurbanne, su único lunar remarcado desde el comienzo de la temporada. Y este viernes, sin sumergirse en una cota tan baja, también reptó bastante más de la cuenta. Sobre todo tras el descanso, cuando un Panathinaikos de escasos argumentos hasta entonces acabó jugando a placer frente a una oposición que más parecía un simple holograma virtual.

98 Panathinaikos
83 Baskonia
  • Estadísticas 1º cuarto: 22-18. 2º cuarto: 16-25 | 38-43. 3º cuarto: 29-16 | 67-59. 4º cuarto: 31-24 | 98-83

  • Árbitros: Damir Javor, Tomislav Hordov y Amit Balak. Eliminado Thompson.

  • Incidencias: 6232 espectadores asistieron al encuentro en el OAKA.

  • Momento clave: A la escuadra azulgrana se le escapó el encuentro en un tercer cuarto de escasez baloncestística en el que encajó un parcial de 29-16.

Así que el ayer deshilachado cuadro azulgrana purgó con una penitencia severa el pecado capital de conceder tanto. Se movió durante muchas fases tarde y mal, incómodo en un duelo de escaso ritmo cuando al grupo de Joan Peñarroya le van los bailes rápidos y los partidos desprovistos de bridas. Anduvo sin gustarse casi toda la noche, pese a que el cuadro local apenas se sostenía antes del intermedio sobre los hombros de Bacon y Williams gracias a las generosas y múltiples concesiones vitorianas. Las de un Baskonia desconocido. O, quizá, sólo identificado para sí mismo a través del espejo curvo que le desfiguró en su visita al Asvel.

Sin faros en la noche

El desvaído conjunto alavés pagó un elevado peaje por sus abundantes errores. Y añoró las capacidades probadas de sus hombres más relevantes. Empezando por el problema de circular toda la noche con los faros apagados, a oscuras y a tientas, tropezándose demasiado. Todo nació desde una dirección extraviada, en la que ni rastro se vio de la guía espiritual que proporciona al bloque el tantas veces formidable Thompson. Algo que tampoco remedió un Henry con más voluntad que acierto, desde luego. Y un asunto obtuso que siguió por la desaparición en alma de Giedraitis, el poliédrico capitán del que no se conocieron noticias.

Al Baskonia de esta campaña, recobrado el gen competitivo y el célebre carácter de su lema comercial, le faltó ayer el colmillo que deja marcas en el cuello de sus piezas. La descomposición fue progresiva, de menos a más hasta emborronar un segundo tiempo muy deficiente en ambos lados de la cancha. Basta apuntar que el 38-45 favorable nada más reanudarse la contienda se transformó en un amago serio de tunda poco antes de la bocina final (90-74). Las cuentas claras: un parcial demoledor de 52-29 en apenas diecisiete minutos.

El equipo azulgrana gana más que pierde, acostumbra a competir siempre -salvo el fiasco francés y la desilusión ateniense- y para hacerle claudicar hay que derrotarle. No, desgraciadamente, en el faraónico OAKA a medio llenar. Falto de chispa, justo de energía y con la mirada vidriosa, el Baskonia mostró algunos productos defectuosos de su almacén que creía descatalogados. Como el alud de pérdidas y un balance defensivo para hacérselo mirar, regalos visitantes que un conjunto local muy lejos de aquel 'Pana' legendario aprovechó en un primer tiempo prescindible por ambos bandos.

Gobierna Wolters

Esos siete puntos de ventaja al empezar el tercer cuarto representaron la última buena nueva vitoriana. A partir de ahí, una caída progresiva al vacío entre pérdidas de unos ataques sucios y alfombras desplegadas al oponente donde debía levantar sus dominios la escuadra alavesa. Habituados a disfrutar de la gobernanza que ejerce Thompson, la makila pasó ayer a las manos de Wolters, el generador de un Panathinaikos lanzado sin hacer nada sobreanatural.

Tiros exteriores a falta de una mano para puntearlos, penetraciones verticales del equipo griego hasta encender la cocina, cráteres en medio de la zona visitante en cada bloqueo y continuación... El púgil que aguarda la campana como sonido liberador de tantos golpes. Y ocurre que no siempre el individual Howard puede vestir la capa del héroe. Hasta las redenciones supremas de un creyente como él tienen un límite si otros apóstoles no le acompañan en la misión.