Peñarroya devuelve la vida a los canteranos azulgranas

La confianza en Kurucs como base suplente y de cierto peso recuerda la apuesta por los jóvenes durante su etapa al frente del Valencia

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Sólo han transcurrido dos jornadas de la ACB, cierto, pero la dirección de grupo que Joan Peñarroya ejerce en Vitoria recuerda a su etapa valenciana. Nunca se sabe cómo terminarán los matrimonios, tampoco los deportivos sean de conveniencia o por convencimiento, aunque tras lo visto hasta ahora sí parece que el técnico de Terrassa encaja en la idea de jefe de personal que la directiva azulgrana busca en su diccionario propio. Trabajo, ambición y coto vedado a las excusas.

Durante su etapa en La Fonteta, el entrenador catalán regó la planta de tan buena pinta que lleva Pradilla -oro continental con España- por apellido. Y tras una campaña convulsa en el Fernando Buesa Arena, entre el arranque fallido de Dusko Ivanovic y el parche circunstancial de Neven Spahija, los canteranos bálticos del Baskonia vuelven con él de la intrascendencia a la vida. En distintos órdenes, desde luego. Desde la irrupción esperanzadora de Arturs Kurucs, el retorno de Tadas Sedekerskis -muy bien en el duelo inaugural, poco utilizado el segundo- tras su involución con el preparador croata y hasta minutos para Sander Raieste, titular de testimonio el domingo en el Palau.

Salvado de la intrascendencia

Kurucs en la cancha, la campaña anterior, sonaba casi a excentricidad. Ahora no, desde luego. A la espera de un hombre que abroche definitivamente el plantel, Peñarroya entiende que sólo contaba con Darius Thompson como base por la compulsiva tendencia anotadora de un Markus Howard mucho más volcado a ejecutar que a dirigir. Así que ha hallado en el joven letón ese 'uno' suplente con cierto peso que le viene agradeciendo la confianza.

Arturs se muestra más suelto en ataque, trata de no complicarse la existencia a los mandos y mantiene su mandíbula prieta a la hora de incomodar al base adversario. Casi ocho puntos y tres asistencias de promedio durante quince minutos sobre el parqué tras los duelos contra Unicaja y Barça.

Puestos a contar las taras del conjunto vitoriano el curso pasado salían demasiados dedos de las manos al escenario. Además de la escasa intimidación interior se añoraba la fiabilidad de un valor presuntamente sólido como Rokas Giedraitis y una señal inequívoca de que el fichaje -extenso en el tiempo- de Vanja Marinkovic llevaba razones en la mochila.

Y, efectivamente, el escolta serbio dista en el verano y con la competición ya en marcha de aquel Vanja gris el ejercicio anterior. Entró en la difícil lista de Serbia para el Eurobaket, cuajó un buen torneo desde su perspectiva individual y ya con el escudo del carnero enseña una actitud mejor. Valiente en el lanzamiento lejano que le distingue, con un incremento en el grado de compromiso común, ayudando en el rebote y más empeñado atrás. Labores de intendencia fundamentales dentro del baloncesto moderno. ¿Sus números? 11 puntos con un 43% de acierto triple en 25 minutos.

Poliédrico Giedraitis

Al alero lituano se le recibió aquí en el verano de 2020 con la ilusión de haber reclutado a un tirador de primer rango. Y cumplió las expectativas durante su primera campaña azulgrana. Pero el fichaje de otro producto mejorado en la fértil sucursal de Berlín, Simone Fontecchio, empalideció su figura hasta reducirlo a ratos a un holograma. Más por sensaciones, cierto es, que según los números.

Ahora, más allá de la anotación -10 puntos de media tras las dos primeras citas con 23 minutos de presencia sobre el parqué-, el capitán baskonista (todo un veterano de la causa al comenzar su tercera temporada) cubre asuntos contables y los también llamados intangibles. Colabora en el rebote defensivo, se muestra muy atento a cortar posesiones adversarias partiendo desde el lado débil y es un excelente lanzador del contrataque por su celeridad y precisión en el primer pase. Y ya se sabe que la filosofía gremial del cuadro vitoriano se centra en armar una sólida defensa colectiva para buscar la verticalidad como los arietes clásicos del fútbol.