Dos procesos de nacionalización repletos de obstáculos

C. P. DE A.

Nik Stauskas forma parte de una familia afincada en Canadá, pero con raíces lituanas que alcanzan hasta dos generaciones precedentes, uno de los requisitos que en su día impuso el Consejo Superior de Deportes para dar validez a los pasaportes comunitarios. En el caso del escolta azulgrana, la nacionalidad nunca fue un problema durante su periplo NBA, pero ahora adquiere importancia una vez iniciada su carrera en Europa, donde ahora ocupa plaza de extranjero. El problema es que no cuenta con el pasaporte que le acredite como poseedor de la nacionalidad lituana, lo que le permitiría ser comunitario.

En cualquier caso, se trata de una condición a la que tiene derecho a acceder gracias a sus ascendientes en el país báltico. No en balde, Stauskas y sus asesores han comenzado hace semanas el proceso de solicitud de la nacionalidad lituana con el apoyo del propio Baskonia. El problema es que, tal y como ocurre en un gran número de países europeos con sus respectivas leyes de Extranjería, se trata de una tramitación compleja y que requiere un tiempo que no suele cuadrar con la inmediatez que imponen las exigencias deportivas.

La posibilidad de liberar un asiento de extracomunitario a corto plazo tampoco presenta expectativas positivas en el caso de Pierria Henry. El base estadounidense podría ejercer de comunitario si hubiera podido enrolarse en una selección nacional que le permitiera variar su nacionalidad deportiva. Según fuentes consultadas, es una situación que el jugador ha explorado a lo largo de todo el verano, pero que no ha fructificado. No se descarta que Henry, con contrato por una temporada, siga ahondando en esta posibilidad para lograr la condición de europeo o 'cotonú'.