La serenidad se da a la fuga

Tornike Shengelia choca con la agresividad defensiva de Gustavo Ayón. /Blanca Castillo
Tornike Shengelia choca con la agresividad defensiva de Gustavo Ayón. / Blanca Castillo

El Baskonia se precipita en una espiral mortal de pérdidas y concesiones reboteadoras que aprovecha el Real Madrid para alzar la Supercopa

Carlos Pérez de Arrilucea
CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEA

Poco importa que sea el inicio de la temporada en septiembre o una final de Liga ACB ya avanzado el mes de junio. Cuando hay un título en juego, se necesita mucho más que sacrificio, capacidad de trabajo multiplicada por la unidad que sea y litros ingentes de sudor para superar a un equipo como el Real Madrid. El Baskonia puso todas estas virtudes en su asalto al título de la Supercopa en el Fontes do Sar compostelano. Dejó las señas de un plantel incansable y meritorio, pero le faltó lo esencial para tumbar a un gigante muy bien versado en acaparar trofeos.

Es esa serenidad precisa para mantenerse en pie sobre cubierta en plena tempestad, la firmeza necesaria para cerrar el rebote propio o la precisión imprescindible para articular un ataque coherente y efectivo que mantenga un rumbo que comienza a torcerse en el momento crítico del encuentro. Es lo de lo que careció, que no es poco, el Baskonia en los tres últimos minutos de pelea con el Real Madrid. Se avistaba la línea de meta con un 78-73 en contra, con un rival que provocaba la estampida gracias a la visceralidad de Campazzo y la irrupción de Prepelic para comenzar a agrietar la consistencia azulgrana en el inicio del último cuarto.

80 Real Madrid

Llull (15), Taylor (-), Causeur (1), Randolph (8) y Tavares (7) -cinco inicial- Fernández (4), Campazzo (13), Ayón (12), Carroll (5), Reyes (-), Deck (2) y Prepelic (13).

73 Baskonia

Granger (5), Shields (14), Janning (2), Poirier (11) y Shengelia (12) -equipo titular-, Vildoza (5), Huertas (-), Diop (11), Garino (5), Hilliard (6) y Voigtmann (2).

Parciales
20-21, 22-23, 19-18 y 19-11
Árbitros
Daniel Hierrezuelo, Emilio Pérez Pizarro y Miguel Ángel Pérez Pérez. Sin eliminados.
Incidencias
Final de la Supercopa Endesa, disputada en el Pabellón Fontes do Sar de Santiago de Compostela ante 5.314 espectadores.

Asomarse al abismo

El conjunto de Pedro Martínez comenzaba a mostrar esos síntomas de vértigo que asalta a cualquier mortal cuando sabe que se acerca el desenlace del pulso con un coloso. Entre templar los nervios o asomarse más al abismo, el Kirolbet tomó esta última senda, casi obligado por el torbellino de alto despliegue muscular en el que había convertido el choque el Real Madrid. Era la última opción de mantenerse agarrado a la cornisa, pero todo se vino abajo. Dos rebotes defensivos concedidos para dar tiempo y más balas a un rival cómodo con su renta a favor en el marcador. Huertas tomó el mando para sustituir a un Vildoza que había defendido el timón azulgrana con la plena confianza de Pedro Martínez. La coherencia tampoco llegó de la mano del brasileño. Lanzamientos errados y otro par de pérdidas de balón para mantener mudo el ataque azulgrana. Las opciones de remontar se esfumaban mientras el reloj corría sin piedad. El equipo merengue tan solo precisó de una canasta doble más para sellar el resultado final, firmada por Facundo Campazzo. Fue el único acierto por parte de ambos equipos en los tres minutos finales. El Baskonia había dado la cara hasta el derrumbe final, pero extrajo otra dolorosa lección. A buen seguro que habrá otras ocasiones a lo largo de la campaña para mejorar nota.

Los protagonista de la pasada final liguera se reencontraron sobre el parqué del multiusos Fontes do Sar. Fue situarse frente a frente y recordar las peleas de junio y quizás algunas cuentas pendientes. La chispa de la rivalidad saltó sin necesidad de forzar nada. Irrumpió Tavares con la esa capacidad de intimidación, una mezcla letal de altura y movilidad, que da un toque diferencial a una plantilla de hechuras formidables como la del Real Madrid. Emergió la capacidad anotadora de Llull y el Kirolbet se dispuso a convivir con problemas conocidos y esperados.

Al fin y al cabo, el Baskonia también tiene sus armas. Perdura en el equipo de Pedro Martínez esa tendencia de buscar soluciones entre todos, sin desdeñar el liderazgo individual, pero siempre consciente del poder de la segunda persona del plural. Tal vez sea la mejor guía para enfrentarse a un rival superior en fuerza y que acumula ya un buen puñado de temporadas ampliando su sala de trofeos. Despuntó la resolución de Shields, se soltó Hilliard y Shengelia y Diop batallaron hasta la extenuación bajo los aros. Por encima de todo, el Baskonia resistió mientras fue un plantel unido, capaz no obsesionarse con Tavares y de poner en aprietos al vigente campeón de la Euroliga al hacer brecha en el segundo cuarto (28-36). El Kirolbet mantuvo su rumbo físico desde su capacidad reboteadora y su voluntad para sobreponerse a los zarpazos madridistas. Alcanzó el descanso con un 42-44 e intercambió golpes mientras se elevaba el listo del garrote muscular. Siete puntos consecutivos de Shields marcaron un una nueva renta azulgrana (50-56, minuto 27). Para entonces, Prepelic comenzaba a hacer estragos. Inédito hasta ese momento, el escolta esloveno facturó 13 puntos para liderar la ofensiva de un Real Madrid que facturó un parcial de 21-8 (71-64, minuto 33). El carácter canchero de Campazzo y la falta de pericia baskonista hicieron el resto.

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