Un reparto de actores consagrados para la Euroliga

Tornike Shengelia a la batería en el vídeo con el que la Euroliga promociona este año su competición simulando un concurso de talentos. / Euroleague

La máxima competición europea, huérfana con la marcha de Doncic a la NBA, no parece que sufra el síndrome del nido vacío con la constelación de estrellas acostumbrada a vivir en ella

Sergio Eguía
SERGIO EGUÍA

Hay competiciones de equipo y ligas de jugadores. La NBA es el más claro ejemplo de este segundo caso. Allí, las franquicias manejan el negocio, pero el juego es cosa de sus protagonistas. En cambio, la ACB, por ejemplo, sigue siendo un torneo en el que los colores están por encima de las individualidades. Y nada tiene que ver esto con jugar en equipo o depender de un anotador compulsivo. La diferencia radica en quién es el reclamo que mueve al público. El Buesa Arena se llena porque juega el Baskonia. Si los jugadores son muy buenos, genial, pero la grada está ahí por el escudo. En cambio, LeBron James, solo en el desierto, acabaría rodeado de fans enloquecidos por su juego.

La Euroliga pretender encontrar un equilibrio entre ambos modelos. Acumular tantas estrellas como permitan los presupuestos y hacer crecer el espectáculo tanto como logren acertar los responsables de marketing, pero siempre con la red que supone que en ella solo participan los clubes más fuertes, más estables, del continente.

En consecuencia, una pérdida mayúscula como la que supone la marcha de Luka Doncic a los Dallas Mavericks no debería ser más que una anécdota. El esloveno, lejos del halago constante y gratuito, podrá por fin crecer como persona y madurar como jugador. Y la Euroliga, por su parte, continuará como el mayor espectáculo deportivo del viejo continente –y que el 'soccer' nos perdone– en el que los actores principales que ya conoce el público seguirán haciendo disfrutar al aficionado mientras no aparezca una nueva estrella invitada que provoque un giro en la trama.

El precio del MVP

21'7
es la valoración media con la que Luka Doncic fue elegido mejor jugador la temporada pasada. El joven madridista, de 19 años, promedió además 16,1 puntos, 4,9 rebotes, 4,3 asistencias, 1,1 robos y 5,8 faltas recibidas. Se busca sucesor para el Niño Maravilla.

La Euroliga es la 'sitcom' perfecta, un 'Friends' del baloncesto, en la que Melli, De Colo, Spanoulis, Singleton o Shengelia son los Chandler, Monica, Rachel, Joey o Ross que nos mantienen pegados al televisor temporada tras temporada. El papel de Phoebe será siempre para Luigi Lamonica, porque con él también es muy difícil entender qué le pasa por la cabeza.

En este torneo, los mejores están señalados antes de que comience la acción. Como si del Tour de France se tratara, será la carretera la que vaya eliminando aspirantes hasta conocer al que sobrevive bajo la cúpula. En mayo, entrarán cuatro al Buesa y solo saldrá uno. Así que no es novedad afirmar que Nick Calathes, al mando del Panathinaikos, estará entre los mejores asistentes del año y será uno de los más determinantes en el resultado. O que el jugón Mike James puede resucitar a un Milan que lleva años en tierra de nadie a poco que le ayuden Nedovic y Della Valle.

Sergio Llull y Walter Tavares

Como resulta obvio señalar que la mandarina es la base de la dieta del Real Madrid de Pablo Laso, que fiará a su chico mejor alimentado, Walter Tavares, la hazaña del 'back to back' y que de conseguirlo todo el mérito recaerá en las manos de Sergio Llull. Y eso cuando los blancos serán seguramente el conjunto más coral de cuantos participan de la fiesta. A la altura del Fenerbahce, eso sí. Los turcos son posiblemente el favorito número uno al título. A una plantilla de por sí larga ha añadido dos fichajes de primerísima línea como Ennis y Lauvergne.

Rodrigue Beaubois tocando la guitarra, el flashdance de Calathes, Pargo y De Colo y Llull convierte una mandarina en un balón. / Euroleague

Tampoco le va a la zaga el CSKA. Por algo solo ha faltado a una Final Four en 19 ediciones. Los rusos mantienen el bloque del curso pasado y renuevan el fondo de armario con piezas de alta costura que el resto solo vestiría en una boda. La madurez de Sergio Rodríguez y un óptimo estado de forma de Nando de Colo serán el termómetro para los de Itoudis.

En la situación contraria está, por citar alguno, el Khimki. El otro equipo de Moscú es la casa de muñecas de Aleksei Shved. El excelso anotador de Belgorod hace y deshace a su antojo. Y hace bien. La puerta a Belgrado se la cerraron de malos modos en las narices y no sin polémica.

Jon Diebler

Aunque puestos a buscar francotiradores que puedan hacer saltar la chaveta al personal, el Darussafaka se guarda un as en la manga. Jon Diebler tiene un acierto medio del 51,5% desde la línea de tres en los 50 partidos que ha disputado en la Euroliga, con las camisetas de Efes y Galatasaray. Y cargó el arco casi 200 veces en ese periodo. Si Jay McCallum logra ser más consistente que el año pasado en el Unicaja, los turcos pueden dar muchos sobresaltos.

Como sorprendente tiene que ser el Efes si encaja tanta pieza nueva. Comandados por Shane Larkin y Rodrigue Beaubois y Vasilios Micic, completa el poderío interior de Bryant Dunston y Tibor Pleiss con Adrien Moerman, Birkan Batuk o Brock Motum.

El año pasado, los mejores interiores de la Euroliga fueron Tornike Shengelia y Jan Vesely, ¿apuestas a que repiten?

Rutilantes estrellas invitadas

Toda buena serie, menos Los Simpsons, necesita incorporar personajes al inicio de una nueva temporada. Actores de los que se desconoce su papel y hasta dónde pueden influir en la trama. Algunos se quedan sin líneas rápido al no cuajar en los primeros episodios, pero otros terminan por ser los protagonistas del año.

Con esa idea han llegado jugadores NBA que ven en la Euroliga una puerta giratoria que les devuelva a los Estados Unidos. El último en apuntarse a la batalla es Derrick Williams. El que fuera número dos del 'draft' de 2011 ha firmado con el Bayern de Múnich para poner en orden su carrera. Tras años de ir de una franquicia a otra, probó en China y hasta jugó dos encuentros con los Lakers en marzo. Le cortaron en diez días. Pero es un 'cuatro' que puede marcar diferencias en Europa. El efecto Doncic ha hecho que muchos americanos vean la competición como un trampolín.

Desde Los Ángeles llega también el base canadiense Tyler Ennis. A las órdenes de Obradovic persigue las alegrías que le han negado junto a LeBron y, de paso, hacer olvidar a Brad Wanamaker entre la parroquia de Estambul. Del Fenerbahce, cada año, sale un cohete: Udoh, Bjelica, Bogdanovic...

Aunque también hay americanos para los que Europa es un refugio en el que seguir disfrutando de un juego que ya no tiene los quilates necesarios en su país. Earl Clark, por ejemplo, es el refuerzo con el que el humilde Buducnost quiere dar la talla en una competición a la que no accedía desde hace 15 años. Junto al escolta francés Edwing Jackson animarán el torneo con alguna que otra cornada inesperada.

Y finalmente están los jóvenes. Los que todavía no han llegado a la cima. Es el caso de Shavon Shields en Vitoria, que si mantiene su aprendizaje y progresa tras lo mostrado en las finales de la liga italiana hace seis meses, será una de las sensaciones del año.

O Nigel Williams-Goss, el elegido por David Blatt para portar la batuta en la versión del entrenador que prepara en El Pireo. Es como si nadie hablara del Olympiacos últimamente. Como si las huestes de Spanoulis estuvieran agotadas. Pero los griegos incorporan refrescos ávidos de sangre. Toupane desde el Zalgiris, Timma desde el Baskonia –la va a liar junto a su paisano Strelnieks y lo sabes– o el interior americano Zach LeDay, que viene de completar una magnífica campaña en Israel, con un 37% de acierto en el triple. En realidad, con solo 201 centímetros, es un especialista en el rebote ofensivo.

Por cierto, y hablando de Israel, ¿y el Maccabi, qué? Sin hacer demasiado ruido, Spahija ha reunido talento y músculo como el de Johnny O'Bryant (Hornets) para formar pareja interior con Alex Tyus, mientras Pargo y Wilbekin dominan el perímetro.

 

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