El Madrid, con Llull como MVP, venció al Valencia en la final de 2017 en Vitoria. / iosu onandia

Copa del Rey de baloncesto 2022

Vitoria aspira a organizar la próxima edición de la Copa del Rey

El Buesa Arena opta a acoger del 17 al 20 de febrero de 2022 el torneo con más proyección de la ACB por sexta vez en su historia

Iván Benito
IVÁN BENITO

La Copa del Rey es el acontecimiento perfecto para reforzar el idilio que mantienen el baloncesto y Vitoria. Así lo visualiza el Baskonia, que postula con fuerza a la capital alavesa para acoger la próxima edición de la Copa del Rey, que se disputará del 17 al 20 de febrero de 2022. Según ha podido confirmar este periódico, la candidatura es firme, los clubes la miran con buenos ojos y será la ACB la que decida entre finales de octubre o primeros de noviembre la ubicación de una sede muy suculenta por el regreso del público.

Esta temporada se cumple un lustro desde la última edición de la Copa disputada en el Buesa Arena, en 2017. Hubo récord de aficionados acumulados durante los siete encuentros (103.968 espectadores), partidos trepidantes, un campo atrás memorable y un impacto económico por encima de los 20 millones de euros. Una carta de presentación inmejorable para la vuelta de las aficiones, aunque también con cierta incertidumbre por un posible rebrote o variante del virus que provoque que en otoño o invierno regresen una parte de las restricciones eliminadas hace una semana.

El mejor acontecimiento del baloncesto nacional, con una destacada repercusión en el continente europeo, tiene un precio a pagar. La designación obliga a abonar un canon variable que normalmente ronda los 1,5 millones. Las vicisitudes de las dos últimas temporadas pueden hacer descender un precio para el que el Baskonia espera las aportaciones públicas de la Diputación Foral de Álava, el Gobierno vasco y el Ayuntamiento de Vitoria. Unas entidades que en las otras cinco ocasiones que el Buesa ha recibido la visita copera –2000, 2002, 2008, 2013 y 2017– han contribuido a costear el importe y se han mostrado predispuestas a apostar por el deporte de la canasta.

Pamplona y Burgos, rivales

La sobrada capacidad organizativa demostrada también en la Final Four de 2019, el valor seguro de un ambiente colorido, una ciudad volcada y el mejor recinto del país son las bazas que sitúan a Vitoria con la condición de favorita. Los 15.716 asientos del pabellón de Zurbano, una carta irrenunciable de cara a un torneo de formato concentrado y reparto cíclico de las sedes debido a la escasez de recintos de gran capacidad. Madrid, fuera de la terna de aspirantes pese a organizar la edición de la pandemia, es la ciudad que más veces (5) ha albergado la competición junto a la capital vasca, mientras que Málaga y Las Palmas son el resto de ubicaciones más repetidas en los últimos años.

Sin embargo, hay dos localidades que han presentado su propuesta y que ejercerían como debutantes en el formato actual. La principal competencia es Pamplona, que lleva varios años tratando de promocionar el Navarra Arena, inaugurado en 2018 y que puede acoger a más de 10.000 personas. En su contra, no habría posibilidad de tener equipo anfitrión, lo que podría causar un ambiente por debajo de lo deseado.

Esa es la base más sólida, una atmósfera ruidosa y cortés, sobre la que respira la solicitud de Burgos. Pero el Coliseum cuenta con las deficiencias propias de ser una vetusta plaza de toros convertida en cancha de baloncesto y un recinto algo reducido  (9.352 butacas) para albergar eventos de este tipo. En los casos en los que la cifra de asistencia no puede alcanzar los cinco dígitos, la ACB acostumbra a cobrar una cantidad adicional al canon para asegurarse unos ingresos similares a pabellones como el de Zurbano. Un gasto extra con el que las autoridades castellanas no parecen dispuestas a correr dado la situación precaria que la pandemia ha generado en las arcas.

Valencia 2023

Por contra, la actual sensación de normalidad alienta a las ciudades a invertir. También a prevenir una serie de posibles portazos en el futuro. Mientras Málaga, Barcelona y Madrid esperan en la cola, las obras del Casal Arena, futuro pabellón del Valencia Basket con capacidad para 15.600 espectadores, llevan un año y tres meses y están cumpliendo los plazos. El expediente técnico de la edificación marca noviembre de 2022 como fecha de colocación de la última piedra y la idea de Juan Roig, principal promotor de la construcción, es inaugurarlo en la Copa de 2023. Además, pretende convertir la majestuosa infreastructura en un polo de atracción para eventos de este calado, como ha hecho con el centro deportivo de L'Alqueria, y aspira a albergar algún partido oficial de la NBA y una Final Four. Por lo que 2022 apunta ser una oportunidad única que Vitoria y el Baskonia no quieren desaprovechar.