El fichaje azulgrana ya estaba en casa

Valencia Basket-Baskonia | Liga Endesa Jornada 1 El fichaje azulgrana ya estaba en casa

El Baskonia se encomienda a Giedraitis, bien secundado por Granger y Costello, para resolver un duelo inaugural de vaivenes donde alzó su última Liga

Ángel Resa
ÁNGEL RESA

Tanta revolución estival en la planta noble del Buesa Arena para certificar que el fichaje del verano ya jugaba en Vitoria. Es lituano, mira con los ojos fríos del huskie y no conoce parentelas cuando pisa el parqué con sus botas avasalladoras. Al asumir que la aventura estadounidense podría concluir en un salto sin red desde el trapecio, Rokas decidió cumplir el vínculo con el escudo del carnero. Y en cierto modo, el Baskonia certifica en la tierra de sus sonrisas abundantes (el título liguero en el líquido amniótico de la burbuja) y sus lágrimas de orgullo (eliminación en cuartos hace tres meses y medio) que esta campaña piensa portar el veneno en los costados. O escrito de otro modo, que dispara las salvas de pólvora con el impulso que le procuran las alas.

Poquísimos clubes continentales presumirán, a lo largo del ejercicio que recién comienza, de alinear a un dúo de 'treses' como Giedratitis y Fontecchio, el italiano que lanza por elevación y sin bajar la pelota y que parece complementarse estupendamente con su coleguita de puesto. Al menos eso mostró esta sociedad que se prevé ilimitada hasta el descanso. A la vuelta de los vestuarios sólo le faltó al báltico clamar el dicho taurino de 'dejadme solo'. Menos mal que algunos compañeros no le tomaron la palabra al pie de la letra y decidieron aunar empeños con él. Sobre todo Granger en momentos determinantes y ese Costello que con apenas un par de entrenamientos manda el famoso período de adaptación allá donde tejen las puñetas. Algo que de lo que se carcajeó en una matinal grancanaria un tal Macijauskas tiempo atrás.

Sujeto con pinzas

El cuadro de Ivanovic hubo de renovar las promesas bautismales de la fe 'duskoniana', cuyo primer mandamiento consiste en aferrarse a la cancha así se desollen las manos, para resolver a su favor otro típico enfrentamiento sobre el filo de la navaja contra el adversario levantino. En este duelo de lemas entre la cultura del esfuerzo y el carácter irrenunciable posterior al pique de las cerámicas, un partido de vaivenes propio de una escenografía que justo acaba de izar el telón, el Baskonia hubo de rotular sus virtudes sujetas con pinzas y esconder las taras que a estas alturas del prólogo lastran su baloncesto. Normal. ¿Lo mejor? Regresar de La Fonteta con un triunfo arrancado a un plantillón considerable, incluso con la sensible baja de Prepelic a última hora. Claro que el vitoriano también añora la elegancia productiva de Peters, pendiente de su maltrecha rodilla.

El conjunto alavés cimentó su sufriente victoria en las célebres defensas que ahogan a sus rivales y en la jerarquía fundamental de Giedraitis. En cuanto a las tareas de contención dejemos las calificaciones sobresalientes para los cuartos pares, veinte minutos en los que el Valencia tuvo que exprimirse las naranjas para sumar veinticuatro raquíticos puntos. Porque durante el primer cuarto concedió el Baskonia tiros abiertos y en el tercero sufrió las continuaciones cortantes de Tobey por el cráter de la zona. Cuestiones compensadas con los también enchufes y desconexiones locales que se entienden en los albores de la campaña. Tan posible se veía el éxito azulgrana como el taronja durante un tercer acto aciago para los intereses vitorianos.

Plato denso

Hasta el punto de que el Valencia tomó prestado en ese período la voracidad defensiva que distingue a su oponente mediante 'dos contra uno' y una subida general de líneas propia de las mareas que amenazan con inundar la playa. Seguramente una consecuencia directa de la única revolución valenciana en verano, el relevo del 'zen' Jaume Ponsarnau por el exigente Joan Peñarroya, que incrementa el termostato atrás de sus hombres. Entre ese agobio, ciertas superioridades locales en determinadas posiciones y el exceso de pérdidas -entre forzadas y gratuitas-, el Baskonia masticó un primer plato de temporada denso.

Todo estudio posterior se analiza de mejor manera si llega respaldado por un triunfo que, sin embargo, no debe de ocultar los lógicos problemas del inicio. Ejemplo: el agua entraba en los momentos de zozobra por el casco de la revolución. Y me explico. La entidad de Betoño estrena bases que, salvo por el notable epílogo de Granger, cedieron la batalla frente a sus homólogos valencianos. Y sin el lesionado Peters presenta una batería exterior a estrenar que tampoco sostuvo el pulso al comienzo de Dubljevic, las intermitencias de Labeyrie y las continuaciones de Tobey. Pero el rodaje progresivo, la exigencia de Ivanovic y los buenos apuntes de Fontecchio y Costello incitan a pensar en tardes de gloria. Falta que Baldwin distribuya mucho más y maneje la espada. De momento, 1-0 y Giedraitis ejecutando. Que es gerundio.