Los jugadores del Zalgiris saludan a su afición tras la victoria ante el Olimpia Milán. / Euroliga

Juanjo Brizuela

Volver a ser lo que era

El Zalgiris se ha reinventado con éxito después de varias temporadas de proyectos poco convicentes

Juanjo Brizuela
JUANJO BRIZUELA

Vas caminando por la calle y de pronto ves ahí delante, a unos metros de distancia, a alguien que te suena bastante. Conforme te vas acercando piensas quién será y poco a poco la respuesta te va llegando: «cómo ha cambiado, y sí, es, ahora sé quién es». Es lo que tiene el tiempo, entre otras disquisiciones: que vamos cambiando de aspecto en muchas ocasiones pero también es verdad que siempre hay algo que te sigue haciendo reconocible. En esencia, la identidad permanece; en cada momento, cambiamos año tras año.

Algo de esto le está pasando a Zalgiris. Llevaba un tiempo que caminaba entre lo reconocible y entre lo sorprendentemente irreconocible. La irregularidad se convertía en frecuente. Zalgiris siempre ha sido un proyecto que ha aunado talento, físico e intenciones ambiciosas, pero en los últimos años su paso ha transitado entre dudas, apuestas fallidas y que la competición cada vez es más dura y la capacidad de adaptación a la misma no es fácil para ningún equipo. Zalgiris ha sufrido esto en primera persona.

Así que para esta temporada, como una gran parte de los equipos Euroliga, los cambios de plantilla han sido considerables, más de la mitad de la plantilla es nueva. Algo así debió pedir también su nuevo entrenador, Kazys Maksvytis, para no volver a transitar por un camino que no convencía a nadie por Kaunas. Calidad y talento por un lado y, sobre todo, mucha capacidad de trabajo y esfuerzo, además de un mejor físico. Evans, Brazdeikis y Smits enarbolan esa parte de talento junto a los tiradores Dimsa y Butkevicius y el físico de Hayes. Todos tienen esa parte de esfuerzo extra que la historia del Zalgiris exige mantener.

El resultado hasta ahora nos muestra un equipo mucho más sólido que estos últimos años: rocoso, muy intenso en defensa, explosivo en ocasiones pero siempre con un ritmo alto en todas las facetas del juego de hoy: defensa, transición y ataque. Lo hace además desde la versatilidad de sus puestos pero también desde ese intangible que tiene que ver con explotar cada ventaja como si fuera la última posesión del partido. Zalgiris puede tener un bajón en su juego en algunos momentos, pero desde luego que a Maksvytis su entrenador, no le tiembla el pulso para recomponer el equipo en el campo de inmediato.

Para comprender bien su estilo hay dos miradas a tener en cuenta. Una, la tradicional, la que mantienen Lekavicius y Ulanovas, dos estandartes claros de la identidad de este equipo. Lekavicius es uno de los bases de esta Euroliga que siempre está a rebufo del equipo pero es difícil verle equivocarse y siempre aporta, siempre; Ulanovas, desde el alero, es capaz de mantener el mismo nivel de intensidad en cada momento pero además aprovecha sus recursos para poner cordura en el campo, tanto en defensa como en ataque. La otra mirada tiene que ver con los recién llegados, en especial, Evans y Smits. Uno, Evans, lidera el equipo desde el base, manteniendo esa tendencia de los equipos Euroliga a tener un base decisivo y generador en el equipo. Su rol ha crecido tras su paso por Maccabi hasta situarse a día de hoy entre los mejores jugadores, estadísticamente hablando de la Euroliga. El otro, Smits, asume ese papel de elevar la intensidad del equipo y lo hace desde el silencio, sin estridencias, disputando cada balón en el rebote y aprovechando sus recursos. Cuando Smits está en el campo aporta seguridad y trabajo extra a todo el equipo. El resto de jugadores siempre acaban sumando, Brazdeikis y los sorprendentes Dimsa y Butkevicius desde el exterior y un Hayes que controla el interior de la zona con su trabajo. No hay nada como cambiar para seguir siendo como antaño.