La coraza de la precisión

La coraza de la precisión

El Baskonia se apoya en la puntería y en una progresiva mejora atrás para abrir su cuenta continental con un solvente triunfo en la cancha del Zalgiris

Carlos Pérez de Arrilucea
CARLOS PÉREZ DE ARRILUCEA

Al Baskonia le espera un largo trecho continental y un margen gigante de mejora en su juego, pero ya tiene un primer triunfo en su casillero de la Euroliga. Una victoria solvente en una cancha para nada fácil como la del Zalgiris, donde 15.107 fieles del credo verde se congregaban para alentar al 'equipo milagro' de la pasada temporada. En la corte de Sarunas Jasikevicius, el conjunto vitoriano dio un primer golpe que por momentos fue contundente y que tan solo la reacción local de los minutos finales permitió maquillar en cierta forma el resultado. En su debut continental, los hombres de Pedro Martínez encontraron el equilibrio suficiente en su baloncesto para aplacar la tormenta de la hinchada más visceral de Europa.

Al fin y al cabo, la grada del monumental Zalgirio Arena puede que apriete lo suyo, pero su efecto se diluye cuando no va acompañado del empuje de su equipo sobre la cancha. Al final, el duelo de ayer fue el enésimo ejemplo de la importancia de la precisión en el deporte de la canasta. El Kirolbet supo controlar aspectos claves de este juego como el rebote y fue capaz de sobreponerse a un inicio defensivo flojo para encontrar el grado de dureza suficiente en la contención.

La magia de la puntería

Sin embargo, suyo fue el acierto, esa varita mágica que es capaz de hacer añicos al rival más abnegado; la misma que, amparada en la calidad, convierte en cenizas cualquier esfuerzo. En tierra de francotiradores excelsos, el Baskonia sobrevoló el espacio aéreo del Zalgirio Arena en modo bombardeo. Acribilló al Zalgiris con una ráfaga destructora triplista que terminó de rematarle en los minutos iniciales del último cuarto. Antes, el conjunto azulgrana había bordado en tercer parcial en el que endureció su gesto defensivo para ahogar a un equipo nervioso en el debut en casa y obtener un marcador parcial de 14-21 que le situaba en con un 53-63 a favor para encarar los diez minutos finales.

Llegó entonces la pirotecnia exterior, con un primer triple de Jayson Granger. El Baskonia logró quebrar la intensidad defensiva del anfitrión con un nuevo obús triple de Shengelia, que parece dispuesto a convertir el lanzamiento desde más allá de 6,75 en una amenaza seria dentro de su repertorio ofensivo. El Baskonia se situaba con una ventaja de doce puntos (57-69, minuto 32). Respondió Brandon Davies con una canasta interior y Granger insistió en el tiro lejano. Su segundo triple del cuarto fue inaudito, ejecutado al filo de la posesión y situado en una esquina que se había convertido en una trampa.

Reacción tardía

Fue un puñal certero en el decaído ánimo del Zalgiris, reflejado en la posterior falta antideportiva de Aaron White. Un tiro libre anotado por Ilimane Diop y una nueva saeta de Granger desde el arco (59-76, minuto 34) alimentaban un huracán que destruían las velas lituanas. El Baskonia dominaba el duelo hasta alcanzar una renta máxima de 18 puntos a falta de cuatro minutos para el cierre (63-81). La coraza fue lo suficimentemente gruesa como para resistir el asalto final de un Zalgiris dispuesto a dar batalla hasta el final. Nate Volters, el base elegido para cubrir el hueco de Pangos, volvió a ser un factor de desequilibrio para la defensa azulgrana, tal y como había hecho en el primer cuarto. El Baskonia amagó con jugar con fuego, pero el Zalgiris llegaba tarde a pesar de su parcial final de 16-6.

La brillante carta de tiro baskonista prevalecía, pero también los primeros zarpazos de exigencia defensiva, personificada en un Ilimane Diop de intensidad bien encauzada. El canterano fue capaz de reducir la aportación de un Brandon Davies que era la referencia interior de un Zalgiris en el causó baja por lesión muscular un 'armario' con Antanas Kavaliauskas. Diop marcó la máxima en el termómetro de la contención, no siempre a la altura en posiciones exteriores para frenar a Wolters. Aún lejos de ser un secante hermético, el Baskonia sí encontró recursos para empujar al Zalgiris a la precipitación. Pero, sobre todo, halló el arma más mortífera; la puntería.

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